¿Qué es la estimulación cognitiva?
La estimulación cognitiva es un conjunto de tareas
dirigidas a activar las funciones mentales como la atención, la memoria, el
lenguaje… Muchas veces asociamos la estimulación cognitiva con
hacer tareas de papel y lápiz, pero en realidad cualquier actividad implicará
la estimulación de nuestras funciones mentales, tan solo que unas actividades
van a estimular más que otras. Por ejemplo, ver la televisión es una actividad
muy pasiva, pero se puede convertir en una actividad estimulante si se entabla
conversación o se pregunta algo sobre lo que se está viendo.
Objetivo de la estimulación
cognitiva
El objetivo de la estimulación cognitiva en una persona
con una demencia tipo Alzheimer será el mantener las funciones mentales, ya que este tipo de
demencia es de naturaleza degenerativa. Es decir, empeora con el tiempo y, por
lo tanto, no debemos esperar una mejora de estas funciones. No obstante,
estudios científicos demuestran que la estimulación cognitiva es terapéutica
porque mejora el bienestar de la persona con demencia, puede mejorar la calidad
de vida y disminuir las alteraciones de comportamiento que se asocian a esta
enfermedad.
Muchas
veces los familiares querrían proponer actividades de estimulación cognitiva a
la persona con demencia, pero no saben cómo hacerlo y qué actividades son las
más adecuadas. Ahora bien, como ya hemos dicho en anteriores ocasiones, hacer
estimulación cognitiva no es comprar un cuaderno de actividades para que la
persona con demencia lo vaya completando. Si, por ejemplo, la persona no tiene
experiencia en hacer tareas de papel y lápiz, lo que puede ocurrir es que se
niegue a hacerlo o que, después de que insistamos, intente resolverlo con más o
menos éxito, pero pueda angustiarse al hacerlo. Esto es justo lo que debemos
evitar: el beneficio terapéutico se puede conseguir si se siguen algunas pautas
a la hora de proponer las tareas de estimulación, ya que ésta tiene que ser
motivadora y bien aceptada.
Así, en
este post y siguientes daremos algunos consejos que se pueden tener en cuenta.
Consejos para la
estimulación cognitiva de enfermos de Alzheimer
1.
Bien
está lo que bien acaba. Quizás es el consejo más importante a
la hora de saber si estamos proponiendo algo adecuado o no. La reacción de la
persona con demencia delante de una actividad será el indicador más importante
para ello. Esto es válido tanto para cuando proponemos ejercicios de papel y
lápiz como cuando le pedimos alguna tarea de la vida diaria: podemos pedirle
que haga un crucigrama, cuando nunca ha hecho ninguno, o que planifique y
prepare la comida de Navidad, que hace dos años que no prepara. En estos casos,
si hay rechazo o muestras de ansiedad, o no se debe insistir en que continúe o
se le debe ofrecer ayuda. Una reacción negativa de este tipo puede ser causada
por varios motivos. Uno de los más frecuentes es la incapacidad de la persona
para resolver la tarea; le estamos pidiendo que haga algo excesivamente
difícil. Por este motivo se debe empezar por actividades sencillas.
2.
Que
haga todo lo que pueda hacer. Relacionado con lo anterior, hemos de
ser conscientes de que muchas veces el abandono de una actividad se debe a que
la persona tiene dificultades en algún paso de la tarea (por ejemplo, deja de
cocinar un plato complejo). Es útil intentar identificar en qué punto tiene
problemas (que no recuerde los ingredientes), para poder ayudar en ese punto
concreto (en este caso, se le puede ayudar a preparar todos los ingredientes
antes de empezar a cocinar). A veces hay dificultades en más de un paso.
Adaptar la tarea para facilitarla puede ser un primer objetivo para que la
persona continúe desempeñando sus actividades cotidianas, con más o menos ayuda
en función de lo que necesite. Para ello debemos garantizar la seguridad en
actividades que puedan implicar peligro (como cocinar), o adaptarlas (cambiar
la cocina de gas por una de inducción, o instalar un detector de gas y/o de
humo, por ejemplo).
3.
Relacionado con los dos primeros puntos, vale
la pena sacar partido a las actividades que ya se
hacen. Es decir, es más realista mantener y potenciar las
actividades que la persona con demencia ya hace, que intentar que empiece
actividades nuevas. Las actividades novedosas son muy estimulantes para el
cerebro, pero pueden ser muy estresantes para alguien que tiene las funciones
mentales alteradas y que puede tener dificultades para comprender qué debe
hacer o recordar qué pasos tiene que seguir… Por lo tanto, si queremos que haga
tareas nuevas, deberán ser dirigidas, supervisadas o acompañadas, al menos al
inicio. Una persona con demencia suele tener dificultades para adaptarse a los
cambios y a las novedades. Si acompañamos, podremos ver cómo se desenvuelve y
dónde tiene más dificultades para poderla ayudar cuando lo necesite.
En
resumen, debemos estar atentos a la reacción de una persona con demencia cuando
proponemos alguna actividad o tarea, ya que nos dará pistas para saber si le
está siendo demasiado difícil y necesita ayuda. Vale la pena aprovechar las
actividades que ya hace para mantener y potenciar la autonomía.

Muy interesante, buena información.
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